En caso de retener líquidos, la cola de caballo es una buena opción. Pero si lo que tenemos es mucho apetito, la canela es nuestra infusión; ya que, además de reducir los niveles de azúcar en sangre y acelerar el metabolismo, reduce el apetito. En caso de sufrir ansiedad y necesitar relajarnos, ya sea por la dieta o por cualquier otro motivo, tomar melisa o una valeriana. Todas ellas tienen efecto saciante por ser líquidas.
Los cambios repentinos y radicales en los hábitos de alimentación, como no comer más que sopa de repollo, pueden llevar a una pérdida de peso a corto plazo. Pero estos cambios exagerados no son saludables ni buenos y no ayudarán en el largo plazo. Para mejorar los hábitos de alimentación de manera permanente, se necesita un enfoque en el que Reflexione, Sustituya y Refuerce.
Aunque pensé que el pollo y el pescado eran bajos en grasa, la verdad es que mientras el corte más magro de carne de res tiene alrededor de 28 % de calorías de grasa, el de pollo blanco, sin piel, es casi igual, ¡con 24 % de calorías de grasa! El atún tiene el 21 % y el salmón el 40 %. ¡Los huevos tienen el 70 % de grasa! Mis esfuerzos de pérdida de peso estaban fallando porque estaba haciéndolo todo mal.
La falta de sueño efectivamente provoca ganas de azúcar y de lúcidos afectando a las hormonas del apetito. Un estudio mostró que hasta una noche de mal sueño podría contribuir a la resistencia de la insulina. "Obtener un buen sueño necesita una preparación, así que para conseguir dormir más tiempo, lo ideal sería practicar la meditación, la relajación o un baño caliente con sales ricas en magnesio antes de acostarte", propone Marc Le Quenven, doctor en naturopatía de The Green Shelters. Y además asegúrate de cenar unas tres horas antes de irte a la cama para que de tiempo a tu cuerpo a digerir toda la comida. Es un truco de la doctora Mar Mira, médico-estético, experta en nutrición y co-directora del centro Mira+Cueto que te ayudará a perder esos kilos de más.

De acuerdo, pero sé inteligente. Si tienes unas ganas irresistibles de llevarte algo dulce a la boca, que sea una onza de chocolate negro, una tortita de arroz inflado, un dulce casero, un par de galletas integrales sin azúcar blanco, un yogur con sirope de Ágave o una pieza de fruta. Pero si eres capaz, espera unos minutos y en lugar de comer dulce, toma algo salado y más nutritivo, por ejemplo, un pequeño bocadillo de atún o de jamón ibérico, una tortilla francesa o un puñadito de frutos secos. Te saciarán el hambre (comiendo dulce querrás más dulce en poco tiempo), te aportarán menos calorías y más nutrientes. Lo importante es salirse de la "rueda del azúcar" y tomar alimentos "reales".
El estudio Predimed realizado en España, por ejemplo, concluía en una investigación publicada en 'The New England Journal of Medicine' que una dieta mediterránea enriquecida con frutos secos y aceite de oliva virgen extra reduce en un 30% la posibilidad de morir por un accidente cardiovascular. Una nueva investigación publicada hoy en el 'International Journal of Epidemiology', no obstante, matiza la bondad universal de mezclar frutas, verduras, pescado, cereales, legumbres y aceite de oliva, y añade un matiz olvidado para que esta dieta sea verdaderamente eficaz: tener dinero o pertenecer a la clase alta.

El consumo de té verde junto a la actividad física reduce la grasa abdominal. Entre las catequinas del té, se destaca el galato de epigalocatequina que está considerado como un termogénico natural que promueve la quema de grasa y eleva el gasto calórico. Muy importante es que su consumo continuado ayuda a reducir la absorción de grasas en el organismo, como un efecto antiobesidad. No dudes en introducir el té verde en tu vida.


Perder peso gracias a un tratamiento con fármacos (pastillas para adelgazar) puede parecer tentadoramente fácil a simple vista. Sin embargo, estos tratamientos son muy agresivos y sin un control médico adecuado existe el riesgo de que se presenten efectos secundarios graves. El tratamiento con estos fármacos no implica un cambio en los hábitos por lo  que el paciente suele recuperar el peso perdido al finalizar el tratamiento si no se han instaurados hábitos de alimentación correctos. En la mayoría de los casos, una reducción de peso duradera implica siempre un cambio en el estilo de vida: llevar una alimentación sana y equilibrada complementada con suficiente ejercicio físico es la mejor forma de mantener el peso ideal.
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