Aproximadamente en 1995, yo tenía veintiocho años y algo de sobrepeso. Comencé un insoportable programa de ejercicio de marcha rápida / trote a una velocidad de 35 a 40 millas (56 a 64 kilómetros) por semana, más 20 millas (32 kilómetros) adicionales en bicicleta. ¿Perdí el peso? Por supuesto. ¡Piensa en las calorías que estaba quemando! Pensé que también estaba comiendo más sano, pero luego descubrí que lo que pensaba que era saludable, realmente no lo era.
Es un clásico cuando se empiezan las dietas y no hay especialista que no haga hincapié en ello. Los nutricionistas insisten mucho en que la clave de un buen régimen es que sea “moderado, variado y equilibrado”. Para adelgazar basta con seguir una serie de pautas, y priorizar unos alimentos frente a otros, pero la mayoría de mortales necesitan, además, un menú específico: una bien reglamentada que les asegure el éxito.
La mayoría de las dietas fracasan y la razón suele ser la misma: si no hay dos personas iguales, ¿cómo es posible que una misma dieta sirva para todo el mundo? Intentando responder a esta pregunta hemos creado este completo y sencillo test. Con él podrás descubrir qué tipo de dieta saludable es la que mejor se adapta a tus necesidades y tu estilo de vida.
La falta de sueño efectivamente provoca ganas de azúcar y de lúcidos afectando a las hormonas del apetito. Un estudio mostró que hasta una noche de mal sueño podría contribuir a la resistencia de la insulina. "Obtener un buen sueño necesita una preparación, así que para conseguir dormir más tiempo, lo ideal sería practicar la meditación, la relajación o un baño caliente con sales ricas en magnesio antes de acostarte", propone Marc Le Quenven, doctor en naturopatía de The Green Shelters. Y además asegúrate de cenar unas tres horas antes de irte a la cama para que de tiempo a tu cuerpo a digerir toda la comida. Es un truco de la doctora Mar Mira, médico-estético, experta en nutrición y co-directora del centro Mira+Cueto que te ayudará a perder esos kilos de más.
Cuando se establece una dieta, con el fin de bajar de peso, se deberá provocar un balance calórico negativo, mediante una restricción en las calorías que introducimos a partir de la dieta. Como contraposición, nuestro cuerpo responderá incrementando la sensación de hambre para solucionar esta circunstancia, empujándonos imperiosamente a buscar este aporte nutricional.
La dieta DASH responde al acrónimo 'Dietary Approaches to Stop Hypertension' (“enfoque alimenticio para detener la hipertensión”) y, como su nombre indica, fue desarrollada por el Instituto Nacional de Salud estadounidense como una dieta específica para tratar a pacientes con tensión alta. Aunque no nació como una dieta de adelgazamiento, sí que sirve para tal fin.
La clave para perder peso (o más bien grasa corporal) es generar un balance energético negativo. Es decir, consumir -de forma controlada- menos calorías de las que quemamos, y que dichas calorías provengan de alimentos de "calidad" nutricional. Eso sí, si exponemos a nuestro cuerpo a una restricción calórica excesiva puede tener efectos negativos: decaimiento y el conocido efecto rebote (nuestro cuerpo se defiende de la falta de energía asimilándola en forma de grasa).
La liraglutida es un análogo del GLP-1, ya autorizado en la Unión Europea a dosis bajas (hasta 1,8 mg al día) para el tratamiento de la diabetes tipo II. El GLP-1 es una hormona natural del organismo que se secreta en el intestino delgado en respuesta a la ingesta de alimentos y que regula el apetito. Sin embargo, esta hormona desaparece en la sangre a gran velocidad, por lo se ha creado el agonista liraglutida, que permanece más tiempo en la sangre manteniendo la sensación de saciedad por más tiempo.
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