En primer lugar, para empezar a perder peso es necesario conseguir un balance energético negativo. En otras palabras: gastar más calorías de las que se ingieren. La mejor forma de lograrlo consiste en cambiar los hábitos alimentarios y practicar más ejercicio. Si se desea adelgazar de modo saludable, hay que intentar reducir el consumo calórico como máximo 500 o 1000 kilocalorías por debajo de sus necesidades calóricas diarias. De esta manera se puede perderá aproximadamente 0,5-1 kilogramo de grasa corporal por semana.
Sucede cada año con la llegada de las buenas temperaturas: el miedo a quitarnos las capas y capas de ropa que nos han tenido tapados en invierno hace que mucha gente se vea invadida de pronto por las prisas por adelgazar. En la sociedad actual, donde todo se quiere ya y la rapidez es la norma, a menudo es difícil explicar que el tratamiento del sobrepeso y de la obesidad, si lo queremos hacer bien y de forma saludable, lleva su tiempo.

Perder peso gracias a un tratamiento con fármacos (pastillas para adelgazar) puede parecer tentadoramente fácil a simple vista. Sin embargo, estos tratamientos son muy agresivos y sin un control médico adecuado existe el riesgo de que se presenten efectos secundarios graves. El tratamiento con estos fármacos no implica un cambio en los hábitos por lo  que el paciente suele recuperar el peso perdido al finalizar el tratamiento si no se han instaurados hábitos de alimentación correctos. En la mayoría de los casos, una reducción de peso duradera implica siempre un cambio en el estilo de vida: llevar una alimentación sana y equilibrada complementada con suficiente ejercicio físico es la mejor forma de mantener el peso ideal.

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