La obesidad es una enfermedad que afecta a millones de adultos, adolescentes y niños, lo que plantea graves riesgos para la salud. Generalmente, los expertos consideran que la obesidad sea una enfermedad crónica que requiere tratamiento y la gestión de toda la vida. Uno se considera obesidad si el 20% por encima del peso corporal ideal, de acuerdo a informes de peso altura estándar, o si uno de índice de masa corporal, o IMC, supera 30. Los estrategias más importantes para la gestión de la obesidad no son medicamentos, sino más bien, una dieta saludable junto con moderada ejercicio. Por supuesto, el uso de medicamentos de venta con receta pueden ayudar pero nunca debe ser el único tratamiento para la obesidad, ni es siempre considerado una cura.
Numerosos estudios se han hecho en torno a los efectos de los supresores del apetito en la pérdida de peso y la mayoría de estos estudios muestran que el uso del supresor del apetito junto con dieta y ejercicio promoverá la pérdida de peso. Pero, ¿son los resultados de estos estudios fiables? Muchos de estos estudios son serios defectos. Algunos de ellos limita la ingesta de calorías para sus participantes, mientras que otros aumentaron el nivel de actividad. Además, muchos de estos estudios incluyeron sólo un tipo específico de individuos.

Intenta bajar 0,5 a 1 kg por semana y asegúrate de estar consumiendo más de 1200 calorías diarias, ya que dietas por debajo de este valor calórico no se pueden asegurar los requerimientos de vitaminas y minerales. Si te sobran más de 10 kg respecto al peso normal que se corresponde con tu estatura (IMC >18,5-24,9 kg/m2) puedes marcarte como objetivo perder 1 kg por semana, pero si te sobran 4-5 kg deberás bajar alrededor de 500 g por semana. Este ritmo de pérdida de peso, junto a la práctica de ejercicio físico regular, te asegurará que el peso que pierdes es mayoritariamente en forma de grasa.
Además, para conseguir adelgazar esos kilos no debes dejarte engañar por las dietas milagro o a base de té rojo, proteínas o, batidos "detox", porque "el secreto reside en combinar además una dieta que te ayude a eliminar grasa además de otros hábitos y protocolos que redefinan tu silueta", apunta Marina Rulló, Directora de Centro de Estética RAME.
¿Por qué una dieta de miel durante la hibernación? La miel es encontrado para ser el alimento más ideal que puede proporcionar un mecanismo de abastecimiento de combustible para el hígado debido a su composición proporción de 1:1 de la fructosa y la glucosa. La fructosa de la miel que entra en el hígado, se convierte en glucosa y se almacena como glucógeno hepático. La fructosa también provoca que la glucosa enzimas en el hígado para tomar la glucosa, por lo tanto, reducir el índice glucémico de la glucosa.
Existen diversas opiniones sobre el uso de inhibidores del apetito y de la absorción de las grasas como tratamiento para perder peso. Algunos opinan que se pueden tomar durante un tiempo como complemento, siempre que finalmente se modifique también la alimentación. Otros consideran que deben tenerse en cuenta los graves efectos secundarios. Eso sí, hay que tener en cuenta que muchos medicamentos para adelgazar  han sido aprobados y después, con el tiempo, son retirados del mercado debido a sus efectos secundarios.
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